Precalentamos el horno a 190 grados con calor arriba y abajo, mientras tanto envolvemos las patatas (con su piel) en papel de plata, las colocamos en la bandeja para después ponerlas en la parte media del horno durante 1 hora más o menos (hasta que estén tiernas).
Pasado ese tiempo y con cuidado de no quemarnos (si es necesario nos ayudaremos con un paño de cocina) les quitamos la piel y las vamos dejando en un bol (es conveniente hacerlo con las patatas calientes para que no queden con grumos).
Una vez las tengamos sin piel las aplastamos bien, añadimos el aceite, los pistachos (previamente pelados y partidos) y el zumo de naranja (templado), poco a poco y mezclando para que no quede demasiado blando, si necesitara más líquido como me ha pasado a mí, añadiríamos un poco caldo de pollo o verduras.. (también templado) hasta obtener la consistencia deseada, por último salpimentamos al gusto y listo.